Hay veces que las auto críticas, son sumamente más dolorosas que cualquier opinión que te puedan dar, Ocurre que, la decepción de uno mismo, es peor que la decepción de otro. Y es porque la autoestíma, por más menospreciada que esté, es la clave para la felicidad. La aceptación, y el goce de lo que somos y disfrutamos hacer, son la clave para librarnos de aquellos detalles , que, nos provocan desdicha y aunque parezcan importantes, no lo son. La autoestima si lo es, y solo es posible lograrla a través de una aceptación integra.
El orgullo y la vanidad no son uno y el otro, como bien dice la escritora Jane Austin. El orgullo es el amor propio, y la vanidad es la demostración, el sentirse superior en lo que respecta al prójimo. Nos podemos amar pero aún así actuar con humildad y valorar a la persona que tenemos al lado.
Entonces, el problema comienza cuando no nos amamos, no nos valoramos, no nos apreciamos ni enorgullecemos de lo que somos ni de lo que hacemos. Y eso tiene una simple explicación.
Uno nunca es malo por naturaleza, sabe y entiende que hay cosas que están bien y cosas que están mal; cosas que van concorde con sus valores y otras que no. Uno siempre trata de hacer lo mejor posible, el problema viene cuando se mezclan las opiniones propias y las externas. No siempre coinciden, y eso está bien, pero lo que no lo está es el hecho de considerar que unas son preponderantes sobre otras.
Uno debe regirse por sus propias convicciones, valores y morales.La mezcla solo puede causar confusión y desprecio, tanto hacia su misma persona como a la que se encuentra a su lado.
Cath
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