viernes, 18 de diciembre de 2015

Romance

Cada vez que leo una novela romántica me siento llena de esperanza, siento que todo es posible, que el amor verdadero existe y que algún día, no muy lejano, voy a encontrar a alguien que me va a hacer feliz.
 Cada vez que leo una novela romántica el mundo se vuelve impredecible, espero el futuro con ansias, el por venir está lleno de posibilidades. 
Pero después de pocos años, teniendo meramente 16, ya siento la desesperanza que me da mirar al mundo. Sacar mi cabeza de los libros es cada vez más difícil. Me pregunto una y otra vez si realmente existirá ese amor a primera vista, o ese amor que te deja sin aliento, que te impulsa a hacer las cosas mejor, que te saca una sonrisa únicamente con el pensamiento. 
Me pregunto si las cosas que leo son historia hechas para satisfacer a los propios autores de que existe ese amor, para completarse, porque es algo que nunca sintieron. Me pregunto si son los deseos, las imaginaciones, los anhelos, la vida que hubiesen deseado, proyecciones de cuando los autores eran jóvenes, 
Me pregunto si alguien alguna vez realmente sientió las mariposas en la panza, o el deseo urgente de besar a alguien.
O capaz soy yo, me pregunto si estoy rota, si hay algo mal conmigo, si algún día me voy a enamorar, o si soy fría por dentro, llena de desesperanza, vacía por consecuencia de ver con ojo crítico a la humanidad.

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