No son pocas las veces que siento esto. No es depresión. No es tristeza. No son intenciones suicidas. Mas no son sentimientos fatalistas. Ni tampoco se le puede llamar desesperanza. La única palabra con la que se me ocurre describirlo es aquella que ya años hace que me enseñaron a no utilizar. Porque según una erudita, las definiciones son precisas. No son exactamente sus palabras, pero si es la sensación que transmitía. Francamente puedo decir que no estoy de acuerdo. Hay cosas, continuando con la imprecisión,tanto abstractas como tangentes, que no pueden ser descriptas. Son únicas e inexplicables. Sin embargo voy a hacer mi mejor esfuerzo.
Es la sensación de nada que siento cada día, aquella que por tanto tiempo no pude definir ni entender. no comprendía que no entendía el propósito de la vida. No solo la propia, sino la vida humana en general, la naturaleza e incluso el mundo. No concebía que mi vida es irrelevante. no importa lo que hiciese, en el fin sería olvidada y no habría hecho diferencia si hubiese muerto al nacer o luego de transcurridos 80 años.
Muchas veces pensé en el suicidio. Y reitero, no por depreción, sino por nada. No me parecía importante. Y esa es tanto una razón como para hacerlo como para no hacerlo.
Creo que la curiosidad es lo que me lleva para adelante. Me queda demasiado por vivir, experimentar, entender. Y al final saber si verdaderamente valió la pena.
El dolor que se sobreviene a lo largo de nuestra vida, a veces generado por nuestras mentes y en ocasiones por causas externas, es la oposición a aquellos buenos momentos, o simplemente momentos que también acontecen.
La vida no es mala simplemente es.
Cath
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